Historia del Biorritmo

Wilhelm FliessEl hombre a quien se acredita generalmente ese cuerpo de teoría y práctica que ahora llamamos biorritmos fue Wilhelm Fliess, un prominente médico alemán que ejerció su profesión primordialmente en Berlín, durante las décadas finales del siglo XIX y las primeras del XX.

Al terminar el siglo, Alemania y Austria eran considerados los hogares intelectuales de las teorías médicas más avanzadas.

Una fotografía de Fliess lo muestra como un hombre de aspecto distinguido, con una corta barba, que tenía una considerable semejanza con su contemporáneo y gran amigo Sigmund Freud.

Fliess era un especialista en nariz y garganta. De hecho, operó dos veces la nariz de Freud y hasta trató de prevenirlo contra los peligros de fumar mucho, advertencia que desgraciadamente Freud nunca tuvo en cuenta. A diferencia de muchos especialistas médicos de la actualidad, Fliess tenía una amplia cultura y estaba interesado por todo, desde la epidemiología (estudio de las pautas de difusión de las enfermedades) a la sicología. Esta amplitud de intereses no era desusada para los médicos alemanes de esa época. Freud, que ejerció su profesión en Viena pero se movía en los mismos círculos culturales e intelectuales que Fliess, había comenzado también su carrera como un médico ortodoxo.

La observación que atrajo por primera vez a Fliess a la idea de los ritmos naturales del cuerpo fue ver que los niños podían estar expuestos a una enfermedad contagiosa y, sin embargo, permanecer inmunes durante días enteros. Luego, en uno particular, que en lo referente a la sabiduría médica convencional no difería en absoluto de los días anteriores, sucumbían súbitamente a la enfermedad. ¿Qué había sucedido?.

Fliess comenzó a recolectar estadísticas sobre el estallido de las enfermedades, el momento de la muerte, y multitud de otros temas médicos. Al ponderar estas estadísticas, comenzó a pensar que podía relacionar el momento de las enfermedades de la muerte con la fecha del nacimiento de un individuo. Pero la relación no era de carácter simple. Estaba convencido de que podía detectar un ritmo fundamental de 23 días y de 28 días en toda vida humana. Cuando estos ritmos o ciclos alcanzaban un punto particular, era más probable que uno cayera enfermo o muriera.

Los biorritmos no predestinan a contraer una enfermedad en un día particular, ni predicen si un día determinado será "de suerte" o "de mala suerte". Lo que la teoría en realidad dice es que en tales y tales días un individuo tendrá una baja vitalidad física; luego, si alguien está expuesto a una enfermedad contagiosa en un día de baja vitalidad, es más probable que la contraiga. Pero ningún nivel de vitalidad física va a protegerlo si el avión en que usted vuela se estrella.

En forma similar, un alto nivel de vigilancia y sensibilidad puede ayudarlo a evitar un accidente automovilístico al hacerlo más consciente de los peligros potenciales. Pero no tendrá en absoluto ningún efecto si usted tiene la mala suerte de estar muy cerca cuando un hombre borracho que maneja su auto pierde el control del vehículo, que entonces salta por encima de la curva y choca contra la muchedumbre entre la cual usted está parado.

Debe tenerse en cuenta en todo momento esta distinción entre los ritmos que controlan al individuo y aquellos que se supone tienen un efecto sobre los acontecimientos exteriores.

Un apoyo a la idea de la naturaleza cíclica o rítmica del comportamiento llegó en 1929, de los Estados Unidos. El doctor Rex B. Hersey y su asociado, el doctor Michael J. Bennett, ambos de la Universidad de Pennsylvania, comunicaron una sorprendente observación después de estudiar a un grupo de trabajadores de un taller ferroviario.

Hersey y su asociado habían dispuesto formular regularmente preguntas a un grupo de trabajadores industriales medios, y seguirlos a través de su diaria rutina de trabajo durante varias semanas. Lo que descubrieron esos científicos fue que estos hombres presentaban oscilaciones evidentes en su estado de ánimo que no parecían relacionarse con ningún acontecimiento exterior. En algunos había un desplazamiento totalmente dramático, pasando de la serena amabilidad a un período de tensión e irritabilidad. En otros, la mutación no era tan grande, pero todos ellos exhibían algún tipo de alteración rítmica de sus estados de ánimo.

La mayoría no tenía en realidad conciencia de estos cambios, pues sobrevenían de una manera tan gradual y moderada que la mutación diaria a menudo era imperceptible. Sin embargo, cuando un observador exterior los contemplaba durante todo un período, tales cambios se hacían evidentes.

Hersey no estableció un número exacto de días para su ciclo, pero afirmó que promediaban de 33 a 36 días. Los teóricos del biorritmo han identificado a menudo el ciclo observado por Hersey con el ciclo de 33 días de actividad intelectual de Teltscher. Algunos investigadores médicos especularon con respecto a la posibilidad de que estos cambios en las emociones se debieran a alguna alteración rítmica en las secreciones de las glándulas, en particular la glándula tiroides, pero esto nunca pudo probarse.

Los hallazgos de Hersey fueron publicados en un libro, Workers' Emotions in Shop and Home ("Las emociones de los trabajadores en el taller y en el hogar"), y recibieron una cierta cantidad de exposiciones populares. Por ejemplo, en 1935 el Reader's Digest publicó un artículo basado en ellos. El autor, Donald A. Laird, director del laboratorio psicológico de la Universidad Colgate, llegaba a la siguiente conclusión:

Para la mayoría de las personas los estados de ánimo son un enigma eterno: nadie sabe de dónde vienen y adónde van.

Recientemente la ciencia ha descubierto que no son de ninguna manera un asunto gobernado por el azar. No constituyen, como lo hemos supuesto durante mucho tiempo, simples reacciones ante el éxito o el fracaso de nuestros planes. Por lo contrario, crecen en nuestro interior como resultado directo del ascenso y de la caída de nuestra energía emocional. Se ha probado que nuestros cuerpos y nuestras mentes producen, almacenan y gastan nuestra energía emocional en ciclos regulares.

Sin embargo, la teoría cíclica fracasó una vez más en su tentativa por atraer una atención seria, tanto científica como popular. Sólo en las últimas décadas el estudio de los ciclos biológicos se ha convertido en un área importante de la investigación científica.